Decreto de Moratoria en 1918

Decreto de Moratoria en 1918

Sin categoría - 12 octubre, 2010 - 0 Comments - by

No es difícil imaginar la situación de una compañía de seguros de vida actuando en medio de una guerra civil. Las cifras de mortalidad se incrementaban cotidianamente en forma dramática. La lucha armada paralizó, casi por completo, todas las actividades económicas de la nación.

Cualquiera podría pensar que los enormes problemas de entonces rebasaban a la empresa. Pero no, La Nacional mantuvo firmes todos los compromisos con sus asegurados. Hacia 1916, la organización contaba con catorce empleados, que trabajaban bajo la dirección de Federico A. Williams, cuyos sólidos conocimientos sobre la administración y los seguros hicieron que La Nacional sorteara los peligros de la Revolución mucho mejor que otras instituciones.

Asombra ver, desde la perspectiva actual, como una empresa financiera pudo sobrevivir al daño general de la economía en esos años. Si consideramos la declaración de insolvencia en los bancos emisores, la obvia desconfianza de los ahorradores, aunada a los empréstitos solicitados por Huerta y, a la proliferación de los “bilimbiques” (papel moneda de nulo valor real), entenderemos, como algo obvio, la quiebra de muchas empresas financieras.

En el terreno de los seguros el cobro de primas se dificultó. El traslado de fondos y la inseguridad de los bancos hacían peligrar las inversiones. La pobreza en general contrajo el ahorro, y la violencia provocó el aumento del número de pagos por siniestros de seguros de vida.

La Constitución de 1917 devolvió al país el marco institucional. En el aspecto financiero, el Presidente Venustiano Carranza presentó una iniciativa e ley para establecer el Banco Unico de Emisión y, posteriormente, el proyecto de Ley de –instituciones de Crédito. Entre estas dos iniciativas de ley, y para que las instituciones crediticias pudieran recuperarse, decretó una moratoria. Este instrumento legal había sido siempre la solución impuesta por el Estado para salvar del desequilibrio a las empresas financieras, en casos de conmociones sociales, retardando por un lapso determinado el cumplimiento de las obligaciones contraídas por éstas.

En abril 1918 se expidió el decreto de moratoria sobre las obligaciones de las compañías de seguros sobre la vida, según el cual éstas no estarían obligadas a satisfacer, de acuerdo a los contratos respectivos, los pagos que procedieran por concepto de siniestros, dotales vencidos y dividendos, ni la de efectuar préstamos a los asegurados, todo lo anterior hasta que las cantidades requeridas pudieran solventarse sin perjuicio de las compañías aseguradoras.

Todas las empresas se seguros se acogieron a la moratoria, excepto La Nacional. En una actitud que reafirmó la confianza que el público le había dispensado, La Nacional optó por cumplir puntualmente con todas sus obligaciones. Una vez más se hacía patente la honestidad y solidez de la empresa. El cumplimiento de sus compromisos en un momento tan difícil hizo que el crecimiento de la compañía no tuviera la aceleración del decenio anterior. De hecho, entre 1910 y 1920, operó sin utilidades, aunque aumentaron moderadamente sus activos. Pero los dividendos de otro tipo: los morales, resultaron muy altos y le dieron un nuevo impulso, un saldo admirable para una aseguradora que, para 1920, había pasado casi la mitad de su vida en un país inmerso en un estado de guerra.

Es notable observar cómo estos hechos, en apariencia tan lejanos, van escribiendo las páginas de nuestra historia corporativa y conformando la filosofía de la empresa en nuestros días. Un ejemplo se halla en el pago de siniestros, en donde el valor supremo que se postula es la justicia y la equidad en el momento de tramitar las reclamaciones del asegurado.

Tomado del libro “Un siglo de Retos y Logros” Memorias del centenario de Grupo Nacional Provincial.

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